Rehabilitación física para adultos mayores Rehabilitación física para adultos mayores – Abilita
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En la vida del adulto mayor pueden suceder accidentes que limiten su movimiento y le lleven a una discapacidad funcional; algunas enfermedades también pueden ocasionar pérdida de la movilidad y de la independencia en las personas de la tercera edad, quienes pueden comenzar con fuertes dolores (como los ocasionados por la artrosis) e ir progresando hacia la discapacidad.

La rehabilitación física en el adulto mayor es indispensable para la recuperación, mantenimiento de las capacidades funcionales y para mejorar su calidad de vida, conservando la independencia, la salud y el bienestar personal. Hoy, en el blog de Abilita les contaremos en qué consisten y cuándo se debe llevar al adulto mayor a recibir terapia física.

A partir de la segunda mitad del siglo XX la esperanza de vida incrementó considerablemente; en la actualidad se cuenta con más de 500 millones de personas de más de 60 años en todo el mundo y se prevé que en los próximos años la proporción de niños y de adultos mayores sea de la misma proporción demográfica. México en los últimos años ha alcanzado el séptimo lugar en el mundo con un envejecimiento acelerado y una población del siete por ciento de adultos mayores, y se prevé que la media incremente.

A medida que la población de la tercera edad incrementa, también aumentan los problemas de mayor impacto en la sociedad y en la economía, como los trastornos crónicos degenerativos, como la diabetes, la hipertensión, el cáncer, las demencias seniles, entre otras, que ocasionan discapacidad.

La actividad física es uno de los factores fundamentales para envejecer de forma saludable, ya que mantiene en buen estado las capacidades físicas y cognitivas del adulto mayor y permite la prevención de las disfunciones sociales, intelectuales y laborales. Sin embargo, cuando una persona ha sido afectada por un accidente o una enfermedad neuromuscular o esquelética, suele fatigarse más rápido que un individuo joven y sano, por lo que se requiere de terapia física con base en la capacidad de resistencia y las características generales de cada persona.

La rehabilitación física es necesaria para personas con lesiones agudas o crónicas, en pacientes con enfermedades de los sistemas musculo-esquelético, neurológico, cardiovascular, respiratorio y endocrino, para personas que padecen disfunciones urogenitales, cáncer, quemaduras, trasplantes de órganos o que han sufrido amputaciones o fracturas graves.

La atrofia muscular y la osteoporosis son situaciones que pueden complicar el proceso de rehabilitación, provocando que sea más largo y el paciente pueda sentirse desmotivado por el lento avance; sin embargo, se recomienda acudir a los servicios de rehabilitación para recuperar la autonomía y el bienestar general.

El proceso de rehabilitación comienza con la evaluación del paciente, con el fin de realizar su historial clínico para efectuar el plan de acción, documentar la evolución e informes clínicos constantemente, para prescribir nuevos planes de acción y prevención de otras enfermedades que podrían relacionarse.

Muchas veces, el paciente no sólo recibe rehabilitación física, sino también ocupacional, psicológica, del lenguaje y la cognición, así como ayuda técnica con prótesis, muletas o bastón para comenzar a recuperar las funciones motoras y sociales, ya que la rehabilitación integral previene las disfunciones secundarias, que podrían afectar la integración social del paciente con una discapacidad.

En las personas mayores, las causas más frecuentes por las que buscan la rehabilitación física son:

  • Dolores crónicos
  • Alteraciones de la marcha
  • Pérdida de la memoria a corto plazo
  • Trastornos en la comunicación
  • Problemas de la sexualidad
  • Pérdida de la motricidad, equilibrio y coordinación
  • Accidentes o caídas
  • Enfermedades crónico-degenerativos
  • Reposo prolongado
  • Trastornos de la postura
  • Enfermedades musculo-esqueléticas como espondilitis, osteoartritis o gota.
  • Trastornos neuronales a causa de alcoholismo, demencias, Parkinson, síndrome de Meniére, entre otras.

El dolor crónico o agudo en el adulto mayor puede repercutir con su autonomía y adaptación social, ya que muchas veces estos pacientes no toleran el tratamiento farmacológico y prefieren aislarse, dejando de asistir a reuniones familiares o con amigos debido a la vergüenza o al dolor. Del mismo modo, los trastornos de la marcha son frecuentes, y el adulto mayor suele ser llevado por los parientes que lo cuidan e indican que el paciente no quiere caminar, deja de realizar sus tareas rutinarias o incluso comienza a deprimirse al no poder tener una vida normal.

Un tercio de los adultos de más de 65 años sufren de caídas, las cuales tienen mayores riesgos de lesión, debido a la edad avanzada. Las caídas más frecuentes se relacionan con la marcha, el trabajo y el uso de escaleras, así como los problemas del equilibrio causados por la pérdida del oído.

Durante el proceso de rehabilitación física geriátrica es necesario identificar los factores de riesgo del paciente, como el sedentarismo, la obesidad, el tabaquismo o alcoholismo y los trastornos alimenticios, por ello también se requiere de la intervención familiar, para que ayuden al paciente geriátrico durante su recuperación.

En el adulto mayor, la rehabilitación física mediante ejercicios es una herramienta básica para mejorar su condición de salud y su estilo de vida; estos ejercicios deben ser lentos para evitar el cansancio, rítmicos, repetidos y alternados con estimulación visual, sonora y táctil; además suele utilizarse la terapia ocupacional para la estimulación cognitiva y ejercitamiento de los miembros superiores, favoreciendo la motricidad fina, la memoria y las habilidades intelectuales.

En algunos casos se complementa la fisioterapia con la fonoaudiología, ya que los trastornos auditivos pueden ocasionar trastornos del equilibrio y del lenguaje, por lo que se requiere rehabilitación de las funciones del lenguaje, el habla y la voz. La intervención psicológica es importante para el tratamiento de la depresión, que puede interferir con la rehabilitación, pues el estado psicológico del paciente interfiere con el tratamiento y la motivación del adulto mayor para rehabilitarse y reincorporarse a su vida familiar y social.

Algunos adultos mayores pierden las capacidades físicas y cognitivas para aprender técnicas de autocuidado, como los afectados por demencia senil o enfermedad de Alzheimer, lo que dificulta la rehabilitación y terapias ocupacionales, sin embargo, cada vez más cuidadores hablan de las bondades de la fisioterapia, pues es de gran ayuda para la plasticidad cerebral y la prevención del deterioro neurológico y muscular.

Dentro de los temores más grandes de las personas de la tercera edad se encuentra la discapacidad y la dependencia, pues el adulto mayor quiere ser autónomo, capaz de tomar sus propias decisiones y realizar por sí mismo sus funciones corporales y sus tareas rutinarias. La institucionalización es otro de los temores de los adultos mayores, quienes la requieren ante una discapacidad que aumenta considerablemente y provocan que los familiares y cuidadores dediquen todo su tiempo en atenderles.

La rehabilitación es de gran ayuda para el adulto mayor para mejorar su calidad de vida, recuperar la motricidad, regular los trastornos del sueño, mejorar la postura, atenuar los trastornos de la marcha y preservar la calidad de vida al permitirle seguir realizando sus actividades rutinarias.

El sistema cardiovascular en la tercera edad puede mejorar con la fisioterapia, mejorando el uso del oxígeno y mejorando la condición física al realizar ejercicios como caminar, correr, nadar o realizar actividad sexual; además la actividad física regular puede retardar el deterioro del sistema nervioso y de la cognición.

Dentro de los métodos de rehabilitación física podemos encontrar la terapia con calor o frío, los ultrasonidos y terapias eléctricas para mejorar las capacidades neuromusculares y esqueléticas; las terapias con calor son de gran ayuda para disminuir la rigidez articular, los espasmos musculares, los edemas y trastornos musculares. Por su parte, la acción mecánica del ultrasonido es de gran ayuda para los trastornos óseos y articulares, mientras que la terapia eléctrica se utiliza para la estimulación del sistema músculo-esquelético cuando el paciente no puede contraer sus músculos de forma voluntaria, como en las hemiplejías, paraplejías y lesiones de nervios periféricos.

Es muy importante buscar la valoración geriátrica en rehabilitación para determinar el tratamiento más adecuado para devolver las capacidades funcionales y la calidad de vida del paciente mayor. En Abilita contamos con especialistas en Medicina de la Rehabilitación y Terapia Física y podemos ayudarte a recuperar funcionalidad, movimiento y calidad de vida a través de las mejores técnicas de rehabilitación física. Llámanos hoy mismo y pide tu cita.

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